Nunca llegaremos a saber tanto en la materia como Sherlock Holmes, quien, con sólo ver su ceniza, identificaba la marca del puro. Del mismo modo ocurre con la ceniza de un puro; demostrada la calidad de la misma, la cual no debe necesariamente alcanzar los tres centímetros, el buen fumador, con las primeras caladas ya conoce la calidad de todo el producto y debiendo ésta terminar en el cenicero.
La ceniza en un puro es hasta cierto punto una cosa irrelevante. Su consistencia y buen tiro son indicios de una tripa bien armada y el color blanco de la misma habla de la bondad del suelo de donde proviene la hoja, características que se pueden distinguir sin necesidad de acumular largas cenizas.
Ahora sólo tiene que disfrutarlo, para ello no deje que una ceniza demasiado larga arruine su postre, o su ropa, y desde luego, deje que algunos principiantes se dediquen a organizar concursos de la ceniza más larga.